Ep-003 Mis primeros recuerdos…

¿Alguien alguna vez, ha tenido noción de lo primero que vió al nacer, o del recuerdo más antiguo que tengan? Supongo que es algo que no muchos se preguntan.

No es que yo sea consciente de cuál es la memoria más remota que poseo, a decir verdad, tengo varios recuerdos, sólo no sé cuál fue el primero.

Por ejemplo, quizás el más marcado que tengo es de aquella vez cuando vi a un hombre acostado sobre una cama, estaba semicubierto con sábanas, y mi madre estaba en la misma escena pero acabando de vestir su propio torso.

Ah! Ya sé con lo que me van a salir muchos de ustedes. Que a los padres hay que honrarlos y todo eso. Pero no diré más que lo que viví, y cómo lo percibí. En su momento le tocará a mi hija juzgarme y decir su percepción de vida a mi lado (si es que no lo ha hecho ya), y no la culparía por hacerlo, es su libertad expresar como desee, lo que mejor o peor le parezca de mi persona. Mientras tanto, a quien están leyendo es a mí, y muy probablemente ya conocen de mí otros aspectos, por otros medios audiovisuales, o redes sociales.

Joe, el amor de mi vida y esposo actual, siempre me dice que la vida no es tan complicada, que nosotros la complicamos.

Entonces, estaba comentando que uno de mis más ancestrales recuerdos, fue cuando vi a mi madre vestirse mientras un hombre estaba en la cama. Para mí esa cama y la habitación completa eran desconocidas, y seguramente yo acababa de despertar, porque me encontraba confusa con esa situación. Durante mucho tiempo me pregunté en silencio la razón del por qué si yo estaba dormida, ¿Por qué no me encontraba en esa cama? ¿Sobre qué desperté? ¿Un sillón?

Con el pasar del tiempo me di cuenta de que ese momento se desarrolló en la habitación de un hotel, o tal vez en la recámara de la casa de ese señor.

Quisiera pensar que tuve una niñez al menos fácil, pero me animo a decir que fue interesante. Y me sirve de consuelo recapitular esos momentos, porque forman parte de quien soy y porque forjaron mi carácter, que para bien o mal, me ha ayudado a sobrevivir.

Después de ese “flashback”, mi mente viaja esporádicamente a mi estancia con mi ya fallecida bisabuela. De un momento a otro me vi sin madre y padre. Me resultaba difícil comprender a tan corta edad, cómo es que mi bisabuela me decía que aún tenía a mis padres, cuando los niños que me rodeaban, probablemente primos lejanos, o vecinos, se burlaban de mí, tachándome de huérfana. Mi bisabuela era dura, fría y muy estricta. Aunque sospecho que lo era sólo conmigo. Había más familia viviendo con mi bisabuela, especialmente niños y niñas más grandes que yo, pero como dije, es posible que la mayor parte de esos infantes en mi memoria hayan sido vecinos. Cuando un hogar está lleno de pequeños, atraen las visitas de otros tantos. A lo que me refiero, es que no conozco a mis primos por parte de mi padre, yo tendría dos años de edad aproximadamente cuando me encontré viviendo lejos de mis padres. El motivo que me contaron, es que mi madre con la sugerencia de mi padre, aceptó que mi bisabuela estuviera a mi cuidado, mientras ellos se podrían dedicar libremente a trabajar.

No puedo decir que la pasé bien durante ese lapso de tiempo, los niños que vivían conmigo y mi bisabuela se aprovechaban de que yo era la más pequeña, me tomaban por tonta, y mientras ellos hacían travesuras a diestra y siniestra, a la hora de rendir cuentas, le decían a la bisabuela que yo era la causante de los destrozos. Un ejemplo, ella dejaba en la mesa diversidad de dulces de leche, y nos daba la indicación de no comerlos, ni siquiera tocarlos, pero en cuanto ella se marchaba y nos dejaba a solas, ellos aprovechaban para comerlos, y yo sólo observaba la escena sin que me convidaran tan sólo un poco, y a su regreso me responsabilizaban de lo sucedido. La anciana luego de creer en los chamacos, procedía a castigarme tomándome del brazo, y me jalaba hasta meterme en la habitación donde había un baño, el espacio era bastante frío. Y ustedes pensarán que eso era todo, que la anciana tan sólo me dejaba encerrada por espacio de una hora como castigo. El asunto es que yo no estaba sola en esa habitación, ella resguardaba a un perro como mascota bastante bravo, el animal de por sí era pequeño, pero siendo yo una pequeña lo veía como una enorme fiera. El perrito jamás me hizo daño hablando físicamente, debido a que siempre estaba sujeto a una cadena, pero quizás por el encierro siempre se mostraba ansioso, con ganas de liberarse y dar la primera mordida a quien se le cruzara en el camino. Así que ya pueden comprender el miedo que me provocaba que mi bisabuela me encerrara con ese animal, apenas recibía quejas de los otros niños, por cosas tan triviales pero que ellos mismos provocaban.

Como dije anteriormente, es posible que yo sólo tuviera dos o tres años de edad, porque son sucesos demasiado viejos pero, que quedaron en mi memoria causando demasiadas emociones.

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